Jardines que piden menos agua: lo circular también se riega

Si algo nos han enseñado los últimos veranos es que el agua no es infinita. Restricciones, sequías que se alargan, embalses bajo mínimos… y, en medio de todo eso, jardines que siguen pidiendo agua como si estuviéramos en el norte de Europa. Céspedes enormes en pleno secano, especies que no tienen nada que ver con nuestro clima, aspersores regando la acera a mediodía. Todos lo hemos visto (y alguno, reconozcámoslo, también lo ha instalado).

Cuando hablamos de economía circular solemos pensar en materiales: reciclar, reutilizar, recuperar. Pero en un espacio verde el recurso que más se consume, año tras año, es el agua. Y también se puede gestionar de forma circular.

Primero, elegir bien las plantas

Parece obvio pero no siempre se hace. La forma más eficaz de ahorrar agua es no necesitarla. Eso pasa por apostar por especies autóctonas o adaptadas al clima mediterráneo: lavandas, romeros, salvias, gramíneas ornamentales, tomillos, encinas, algarrobos… y, cómo no, nuestras queridas Sedum en cubiertas verdes.

Estas plantas no solo piden menos riego. También necesitan menos abono, menos tratamientos y menos reposiciones, porque están preparadas para lo que les va a tocar vivir. Es lo que se conoce como xerojardinería, y no tiene nada que ver con jardines secos y tristes. Bien diseñados, pueden ser espacios con mucho color, textura y vida.

¿Significa esto que hay que eliminar el césped? No necesariamente. Pero sí que vale la pena preguntarse si hace falta tanto, y dónde. Un césped en una zona de juego tiene todo el sentido. Uno en una rotonda, bastante menos.

Regar menos, pero regar mejor

Cuando el riego es necesario, la tecnología ayuda mucho:

  • Riego por goteo o exudación en lugar de aspersión en parterres y arbustos.
  • Programadores inteligentes que tienen en cuenta la previsión meteorológica y no riegan si va a llover (o si acaba de llover).
  • Sensores de humedad en el suelo, para regar cuando la planta lo necesita y no cuando lo dice el calendario.
  • Sectorizar bien el riego por necesidades hídricas: no tiene sentido regar igual una zona de sombra que una a pleno sol.
  • Acolchado con astilla de poda o grava para reducir la evaporación (y aquí volvemos a cerrar el ciclo con los restos del propio jardín).

Que el agua de lluvia se quede donde cae

La otra gran oportunidad es dejar de ver el agua de lluvia como un problema que hay que evacuar lo más rápido posible. Los sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS) proponen justamente lo contrario: infiltrarla, retenerla y aprovecharla en el mismo lugar.

Jardines de lluvia, cunetas vegetadas, pavimentos permeables, depósitos de recogida de pluviales o cubiertas verdes que retienen parte del agua y la liberan poco a poco. Todo esto reduce la presión sobre el alcantarillado en episodios de lluvia intensa (cada vez más frecuentes) y, al mismo tiempo, deja agua disponible para las plantas.

Y si hay acceso a agua regenerada, también es una opción a valorar, siempre cumpliendo la normativa sanitaria que aplica en cada caso.

Un cambio de mirada

Al final, todo esto va de cambiar la pregunta. En lugar de «¿cuánta agua necesita este jardín?», preguntarnos «¿qué jardín puede vivir con el agua que tenemos?». Es un matiz, pero lo cambia todo: el diseño, la elección de especies, el mantenimiento y, por supuesto, la factura.

En Circular Green diseñamos, instalamos y mantenemos espacios verdes pensados para el clima en el que viven. Si quieres saber cómo reducir el consumo de agua en tu proyecto o en tu jardín, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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